Cuando miramos atrás en la historia vemos cosas que en su momento eran normales y que ahora nos parecen atrocidades, como las luchas de gladiadores, las ejecuciones de la edad media, la esclavitud… ¿Pero te has planteado alguna vez lo que pensarán las generaciones futuras sobre nosotros?

Estamos constantemente cometiendo errores de los que ni siquiera somos conscientes: En la forma en que vemos el mundo, en cómo hablamos, y en cómo pensamos. Hoy veremos que poner nombre a esos errores puede ayudarnos a corregirlos.

Pero antes de entrar en materia, déjame contarte una anecdotilla.

Orenjijusu

A mediados de 2008 me mudé a Alemania para trabajar en un experimento de física nuclear. Allí colaboré con un profesor japonés, que, en vez de Pablo, me llamaba “Paburo”. Y yo me preguntaba ¿por qué le resulta tan difícil decir “Pa-blo”?

Entonces aprendí que, para empezar, en japonés no existe el sonido “l”, así que cuando se encuentran con él lo suelen pronunciar como una “r”. Pero para colmo, el japonés no suele tener dos consonantes seguidas en una sílaba. Lo común es tener consonantes y vocales individuales, como “a-ri-ga-to”. Así que al encontrarse con dos consonantes seguidas como “b” y “l”, los japoneses tienden a añadir una vocal intrusa en medio, convirtiendo “Pa-bro” en algo como “Pa-bu-ro”.

A un hispanohablante como yo le resultaba muy extraño que ese profesor fuera incapaz de decir algo tan sencillo como la sílaba “blo”. Ahora bien, sin darme cuenta, yo también estaba cometiendo mis propios errores de pronunciación al hablar inglés.

Por ejemplo, ¿cómo pronunciarías la palabra inglesa “stop”? Un fallo muy común entre hispanohablantes es añadir una “e” al principio de palabras que empiezan por “s” seguida de consonante. O sea, que “La Guerra de las Galaxias” en inglés acaba llamándose “Estar Guars”.

Yo cometía este error constantemente. Hasta que una noche me di cuenta de ello. Fue la noche en que conocí a mi amiga Giulia. Ella se estaba riendo de mi acento español por decir “estop”, con una “e” innecesaria al principio. Y yo me reía de su acento italiano por decir “stope”, con una “e” innecesaria al final. Así que acabamos enzarzados en la discusión más absurda que he tenido nunca:
-¿Giulia, por qué no dejas de decir “estope”?
-¿Y tú por qué no dejas de decir “estope”?
-¡Pero si eres tú quien dice “estope”!
-¡¡No, tú dices “estope”!!
…Y ese fue el comienzo de una gran amistad.

El error de pronunciación que estábamos cometiendo, tanto Giulia como yo, se debe a un fenómeno fonético llamado epéntesis, que consiste en la intrusión de una vocal para facilitar la pronunciación. Es la razón por la que los hispanohablantes dicen “estop”, los italianos dicen “stope”, y los japoneses dicen “Paburo” (y beben “Orenjijusu”).

Orange juice and some oranges.
Foto de JÉSHOOTS en pexels.

Poniendo nombre a las cosas

Lo interesante de esta anécdota es que, tanto Giulia como yo, podíamos escuchar el error en la pronunciación del otro, pero no el nuestro propio. Y aprender que la epéntesis es un error típico de hispanohablantes fue lo que me ayudó a detectar mi error, y así poder corregirlo.

Y eso es precisamente a lo que quería llegar en este episodio de AltruFísica: Estamos constantemente cometiendo errores de los que ni siquiera somos conscientes. Es importante aprender de su existencia para poder identificarlos, y corregirlos.

Two people point at a stop sign, one says "estop" and the other says "stope".

“El principio de la sabiduría es llamar a las cosas por su nombre”. O al menos eso dijo Confucio.

Estamos tarados

Como ya conté en otro episodio de AltruFísica, venimos al mundo con defectos mentales de fábrica: Los sesgos cognitivos. Por poner algunos ejemplos, el sesgo de negatividad hace que seamos más receptivos a noticias malas que buenas; el sesgo de atractivo hace que tendamos a valorar más a una persona si nos resulta atractiva; y el efecto halo hace que nos veamos afectados por las primeras impresiones. Estos y muchos otros sesgos determinan y limitan nuestra forma de razonar.

Pero por supuesto el entorno en que vivimos también influye en nuestra forma de pensar y de interactuar con el mundo. Por ejemplo, el mero hecho de haberme criado en un país hispanohablante, me hace propenso al betacismo, que es pronunciar la “b” y la “v” de la misma forma (lo cual está “bery vad”). Si por el contrario me hubiera criado en Inglaterra, me resultaría obvia la diferencia entre las palabras “van” y “ban”… Aunque sería incapaz de decir que “El perro de San Roque no tiene rabo”.

Dejando de lado la fonética, nuestro entorno y contexto histórico predeterminan incluso nuestros valores morales. Si me hubiera criado en Marruecos, donde la homosexualidad sigue siendo ilegal (como lo es a día de hoy en muchos otros países) quizás sería más propenso a la homofobia. Si me hubiera criado en la ciudad de Mississippi a principios del siglo XX, quizás sería más propenso al racismo. Y si me hubiera criado hace 5000 años en Mesopotamia seguramente sería propenso al… terraplanismo.

La gente suele mirar atrás y ver el nazismo como una atrocidad inaceptable. Pero si tú hubieras nacido en Alemania a principios del siglo XX, quizás habrías adoptado también esa ideología.

Así que, si estás viendo este video en 2023, ¿puedes estar cometiendo un error del que aún no eres consciente?

¿Cómo identificar nuestros errores?

Corregir nuestros errores no es sencillo. Y por mucho que lo intentemos es probable que nunca consigamos corregirlos todos. Pero lo más importante es identificarlos. Y para ello hay dos pasos fundamentales:

  1. Aprender sobre nuestros errores más comunes, lo que incluye entender nuestros sesgos cognitivos.
  2. Preguntarte si puede que estés cometiendo tú alguno de ellos.

En futuros vídeos de AltruFísica espero ayudarte con el primer paso. Pero el segundo corre de tu cuenta.

Identificar mis propios errores es algo que ha cambiado mi vida. En concreto, como mencioné en el primer episodio de AltruFísica, el día 25 de Octubre de 2014 marcó un antes y un después en mi vida. Ese día me di cuenta de un error enorme que estaba cometiendo. Y como consecuencia, decidí cambiar radicalmente mi vida.

Pero de eso y mucho más hablaremos en otro episodio de AltruFísica.