He visitado una granja industrial. Quería ver con mis propios ojos en qué condiciones viven los animales. ¿Son tan malas como dicen los activistas, o están exagerando para convencerte de que te hagas vegano? Pero antes de que veas lo que grabé allí, tengo que enseñarte lo que hay en esta caja. ¿Sabes lo que es? Pues esta cadena se usa miles de veces en granjas porcinas españolas, y es clave en el debate sobre el bienestar animal. Sin embargo, nadie está hablando de ella. Cuando descubras para qué sirve, verás ese debate con otros ojos.
Hace unos meses publiqué varios vídeos sobre la producción de carne. La mayoría de comentarios fueron muy positivos. Pero, por supuesto, también llegaron los haters: “pero ¿y lo bueno que está el jamón?”, “las plantas también sufren”, “¿y de dónde sacas las proteínas?”. Aunque sin duda mi favorito es aquel que insiste en que los seres humanos somos “obnívoros”. “¡OBNÍVOROS!”
Bromas aparte, algunas de las críticas sí que me hicieron reflexionar. ¿Y si las imágenes que suelen mostrar los activistas veganos son los casos más extremos? A lo mejor los animales de granja no viven tan mal. Al fin y al cabo ¿quién soy yo para hablar sobre granjas… si nunca he estado en ninguna?
Así que para este episodio he decidido ensuciarme las botas de verdad, y entrar en una granja porcina española.
Pero de camino a la granja, vamos antes a dar una vueltecita por Barcelona y preguntar a la gente si sabe lo que es esto.

¿Para qué sirve este cacharro?
Pablo: ¡Hola! ¿Te importa que te haga un par de preguntitas? Primera pregunta: ¿Cómo te llamas?
Gente: Sara. Luis. Kathrin. Maialen. Urtza. Oneca. Ricard. Ezequiel. Darío. Guadalupe.
Pablo: La segunda pregunta es: ¿Para qué crees que sirve esto?
Ricard: Parece como… para ¿atar algo?
Kathrin: Bueno, es una cadena…
Ezequiel: A ver, es una cadena…
Luis: Parece una cadena… ¿de bicicleta?
Maialen: Una valla.
Ricard: Pues no sé, la verdad.
Sara: ¿Un juego?
Pablo: ¿A qué juegas tú?
Guadalupe: ¿Para añadirse peso? Para ir a correr, o hacer algún deporte…
Kathrin: No, para gimnasia no.
Oneca: Es que no tengo ni idea.
Ezequiel: Me llama la atención la parte de plástico.
Kathrin: ¿Algo relacionado con un barco?
Luis: A veces no recuerdas dónde pusiste la bici, y quizás el color te ayude a…
Darío: …que también se vea la distancia…
Kathrin: …abajo de una cortina, por ejemplo…
Guadalupe: Ahí ya me he perdido. No lo sé.
Darío: No… No lo sé.
Pablo: Vale, ¿te doy una pista? Es algo que se usa en granjas.
Ezequiel: En granjas…
Sara: ¿Es con animales?
Ricard: ¿Como para encerrarlos, a lo mejor?
Luis: Cerrar el portón… la puerta principal.
Kathrin: ¿Para atar a los animalitos?
Guadalupe: ¡No, no lo sé!
Ezequiel: No sé qué puede ser.
Sara: Ni idea.
Ricard: ¿Más pistas?

Como esperaba, nadie tiene ni idea de qué es esta cadena. Pero si estás atento, la vas a volver a ver varias veces en el resto del vídeo. Ahora sí, vamos a la granja.
Mi primera visita a una granja
Mi primera experiencia en una granja fue… ¡En la granja-escuela! Nos llevaron de excursión en el colegio. Me acuerdo de que nos enseñaron a dar de comer a las gallinas, a ordeñar vacas… Y aunque suene patético, creo que realmente es la única experiencia que he tenido en una granja en mi vida.
Ya por fin estamos llegando.
Mi primera impresión es que… el lugar es realmente impresionante.
Pablo: ¡Hola, muy buenas! Yo soy Pablo.
Lía: ¡Hola! ¿Qué tal? Encantada de conocerte, y te voy a enseñar cómo viven los cerditos aquí.
Lía: La gente no lo sabe, pero les encanta pastar, y en general les gusta comer.
Pablo: ¡Sí, ya se ve que les gusta comer!
Lía: Son como perros, muy cariñosos, muy juguetones… Y como ves, está lleno de barro porque los cerdos, como los perros, no pueden sudar. Entonces son muy sensibles al calor y se protegen con el barro.
Pablo: ¿Le gusta que le hagan cosquillitas aquí?
Lía: ¡Hombre! Cosquillitas por todos lados, la barriguita… Todo lo que sea mimos…
Pablo: Este está muy contento.
Lía: Sí.
Pablo: Leí que aunque nos parezca que solo hacen “oinc”, realmente tienen como 20 sonidos.
Lía: Sí. Tienen muchísimos matices. Y además lo notas: cuando tienen hambre, cuando están enfadados… Cuando les obligas a hacer algo que no quieren, chillan muchísimo. O cuando se estresan, chillan.
Pablo: El otro día aprendí que los cerdos, igual que los seres humanos, tienen también fase REM, en la que mueven muy rápido los ojos cuando están durmiendo. Me pregunto en qué estarán soñando…
Pablo: ¡Vaya forma de roncar!
Pablo: ¿Aquí durmiendo una siestecita? ¡Qué bien vive!
Pablo: Todo el mundo sabe que les gustan las bellotas. Pero no sabía también que les gustaba la sandía.
Chica: A este todo lo dulce le gusta.

Hay dos cosas que me han sorprendido mucho en esta visita: una es que los cerdos son enormes. ¡Por alguna razón yo pensaba que serían más pequeños! Pero la otra cosa que me ha sorprendido es cómo te miran. Tienen una mirada curiosa y profunda, como si intentaran decirte algo.
Hoy he aprendido mucho. Entender un poco mejor cómo son los cerdos es crucial para poder decidir si realmente tienen una buena vida en la granja.
Pablo: ¡Guau, menuda experiencia! Me ha encantado. Me ha recordado un montón a cuando me llevaron a la granja-escuela cuando era chico. Así es justo como me imaginaba una granja.
Yo diría que los animales son felices allí. Tienen siempre comida y agua suficiente, espacio para moverse a sus anchas, y también un sitio a la sombra para protegerse del sol o de la lluvia. Es un lugar en el que pueden ser ellos mismos, jugar, descansar, curiosear… teniendo además a personas que los quieren, que cuidan de ellos, y que se preocupan de su salud y bienestar. Me ha encantado experimentar esa conexión tan natural que tenemos con los animales.
Pero entonces, a lo mejor te preguntas ¿de qué se quejan tanto los veganos y los activistas animales? Al fin y al cabo los animales de granja no viven tan mal, ¿no? Bueno, hay una pequeña pega. El sitio al que hemos ido antes representa lo que debería ser una granja. Y así es como la mayoría de la gente se suele imaginar que son las granjas. Pero ese sitio de hecho no es una granja.
Es un santuario animal: un refugio en el que acogen a animales heridos, abandonados, o que iban a ser sacrificados en granjas.
En realidad, la inmensa mayoría de la carne que consumimos hoy en día viene de un sitio muy distinto, la granja industrial.
Pablo: Ahora vamos a ir a una granja de verdad.
La granja industrial
Alguien que visitó mi canal, y cuyo nombre no voy a revelar, me invitó a ver cómo son las granjas porcinas de hoy en día, si prometía cumplir tres reglas:
- Que no se puedan identificar los lugares en los que grabo.
- Ponerme un traje de bioseguridad.
- No interactuar con los animales.
Conforme me acercaba a la granja, el olor se fue haciendo más y más intenso. Era distinto al olor del santuario, mucho más denso y penetrante.
A grandes rasgos, en las granjas de cerdos se distinguen 4 fases principales.
1. Gestación
Así es el área de gestación, donde empieza todo. Aquí viven las cerdas, para ser inseminadas artificialmente y quedar embarazadas. Durante todo el embarazo, unos 3 meses, 3 semanas, y 3 días, la cerda está confinada en la jaula de gestación. Allí come, hace sus necesidades, y duerme.
Las cerdas eran igual de curiosas que en el santuario. Pero se notaba que estaban estresadas. A menudo chillaban y golpeaban los barrotes de la jaula.
En cierto momento me di cuenta de lo enorme que era esa sala. Una, y otra y otra cerda, como si fueran coches en un aparcamiento. Podría haber cientos de cerdas tan solo en esa nave.
Pocos días antes de dar a luz se saca a la cerda de la jaula de gestación, para ser transportada a la jaula de parto.
2. Maternidad
Así es el área de maternidad. En esta nueva jaula, la cerda da a luz a sus lechones, unos 15 por parto. Así se pasa otras 3 o 4 semanas, la mayor parte del tiempo de costado, para amamantar a sus crías. Durante todo ese tiempo, la madre apenas puede ni siquiera girarse para verlas.
En su entorno natural, la cerda prepara un nido con hojas, ramitas y tierra. Como los pájaros. Pero en una granja industrial, se ve forzada a dar a luz en el mismo sitio donde come, orina y defeca.
El suelo, en vez de ser de tierra y paja, como en el santuario, es una rejilla metálica dura.
Algunos de los cerditos que ví eran recién nacidos, aún con el cordón umbilical colgando.
Los más pequeños aún conservaban su rabo largo y rizado. Pero durante los primeros días de vida se lo cortarán, sin anestesia.
A estos ya se los han cortado. También se les extirpan los testículos sin anestesia, una práctica que les causa un dolor insoportable.
En aquella sala vi que algunos cerditos tenían claros problemas de salud: demasiado delgados, incapaces de ponerse en pie, moviéndose de forma extraña… Esos, si no mueren antes, son sacrificados. La forma más común es golpearlos contra el suelo.
Los que sobreviven son apartados de su madre en menos de un mes. Y ella deja la jaula de parto para, una vez más, ir a la jaula de gestación. Este ciclo se repite unas 3 veces al año, hasta que deja de ser productiva. Entonces, después de unos 2 o 3 años viviendo enjaulada, se la llevan al matadero.
De pronto, uno de los cerditos empezó a gritar desesperadamente. Se había quedado atrapado entre la madre y los barrotes de la jaula. Chillaba sin parar mientras sus hermanos lo mordisqueaban y pisoteaban buscando la teta. Quise entrar a ayudarlo. Pero entonces recordé la tercera regla que había prometido cumplir: no interactuar con los animales. Por suerte, el cerdito consiguió liberarse.
3. Transición
Con 3 o 4 semanas de vida, los cerditos son separados de la madre, y llevados al área de transición. Allí siguen viven varias semanas, comiendo pienso especializado para estimular el crecimiento.
Aquí pasan unos 2 meses, encerrados en pequeños cubículos, sin poder ver la luz del sol. Y entonces, al alcanzar unos 20 kg, son trasladados al área de engorde.
4. Engorde
Finalmente, los cerdos en el área de engorde continúan su corta vida hasta superar los 100 kg de peso.
Mientras que en un santuario un cerdo podría vivir hasta 15 años, en las granjas industriales, la mayoría de cerdos van al matadero con solo 6 meses de edad.
Así es a grandes rasgos cómo funciona una granja porcina típica.
O al menos, así es como se supone que debería funcionar.
Lo que no debería ocurrir
Las condiciones de algunos de esos cerdos eran deplorables. Por todas partes había insectos, telarañas, y ratones. Pero sin duda, lo que más vi no fueron cerdos, sino cucarachas. Esa noche vi más cucarachas que en toda mi vida.
En un momento dado me dio por grabar lo que había en el suelo, y también por debajo de la rejilla, para ver un cúmulo de desechos inundados de moscas y gusanos. Ahí cae la orina, las heces, restos de placenta, de cordones umbilicales… y de cadáveres.
Sí, también vi cadáveres. Esa noche grabé cosas que no esperaba ver, pero que son demasiado desagradables para enseñarlas aquí. En la descripción dejo un enlace a un vídeo oculto, donde puedes ver cerditos recién nacidos moribundos o muertos, entre restos de heces y placenta, siendo mordisqueados o aplastados por sus hermanos.
Y para terminar la visita, en un contenedor, encontré un amasijo de cadáveres de cerditos apilados entre restos de comida, basura y sangre.
Francamente, no esperaba encontrar tanta muerte en una granja. Ha sido sin duda una de las experiencias más traumáticas de mi vida.
¿Sabes ya para qué sirve esta cadena? No sé si te diste cuenta, pero ya has visto esta cadena varias veces.
¿Para qué sirve esa cadena?
Pablo: Esto es una cadena antiestrés. Básicamente, a las cerdas, en las granjas industriales, las meten en una jaula para inseminarlas, para que tengan luego cerditos. Y mientras están en esta jaula, la “jaula de gestación”, este objeto, por regulación, tiene que estar al lado de la cerda, para que la cerda se entretenga mordisqueando la cadena.

Así que, literalmente, este es el único entretenimiento que tienen las cerdas durante toda su vida.
¿Qué sensación te ha dado conocer eso?
Luis: Es triste que… primero, que estén encerradas en jaulas tan pequeñitas.
Oneca: Un poco triste tenerlas encerradas ahí solo para… ese fin. En plan, que no puedan estar en libertad, tranquilas. Como animales que son.
Kathrin: Me da pena pensar en cómo tienen que vivir los animales en jaulas.
Ezequiel: Representa el maltrato tal cual.
Darío: Servir a la industria de manera tan cruel…
Kathrin: El aburrimiento, la tristeza…
Luis: Y luego que tengan que usar estas cosas para entretenerse es muy cruel.
Sara: Yo creo que es mejor que tengan más espacio y libertad.
Kathrin: Creo que es mejor que estén fuera.
Pablo: O sea, ¿no os gusta la idea de que vivan en jaulas?
Maialen: A mí no.
Pablo: Pues eso es todo, ¡muchas gracias!
¿Cómo es posible que tanta gente coma carne de cerdo, pero que tan poca sepa de dónde viene realmente?
El otro día estuve en casa de mi madre, hojeando los libros que yo leía de pequeño. Efectivamente, los libros que hablaban sobre animales de granja pintaban una imagen mucho más parecida al santuario que a la granja de verdad.
Por eso cuando pensamos en una granja, nos imaginamos el campo, cerditos jugando sobre la paja, y granjeros felices. Es la imagen que nos han repetido desde niños, en cuentos, películas, y en la granja-escuela.
Luego vi también los libros que han leído mis sobrinos recientemente:
Pablo: “Clea es una cerdita muy sucia. Corriendo por la granja, se mancha su rizado y retorcido… ¡Rabo!”
“Mira qué suerte la Clea. Será la única a la que no se lo han cortado.”
Más de lo mismo: una imagen idealizada de la vida en la granja.
Pero cuando ves con tus propios ojos de dónde viene la carne, el mundo ya no te parece igual. Por cada 10 personas que te cruzas por la calle, hay unos 7 cerdos en algún sitio de España. Casi todos, encerrados en granjas industriales.
Vas andando por la calle y ya no ves jamón, filetes, o fuet… Ahora ves a un cerdito indefenso y curioso, al que van a castrar sin anestesia. O a su hermano mayor, que verá por primera vez la luz del sol desde el camión que lo lleva al matadero. O a su madre, que ha pasado toda su vida enjaulada, teniendo como único entretenimiento…
Esta cadena.
Esta cadena representa muchas cosas. Por un lado muestra que hay cierta preocupación por el bienestar animal. Por otro lado, también representa lo increíblemente bajo que está el listón.
¿Cómo puedes ayudar a los animales?
A lo mejor estás esperando que ahora te diga que dejes de comer carne. Pero no. Después de muchos años he aprendido que ese mensaje casi nunca funciona.
Hoy te voy a dar un mensaje diferente. Si no quieres hacerte vegano, puedes hacerte “vegaliado”, o sea, aliado vegano. Puedes reducir tu consumo de productos animales tanto como puedas, firmar peticiones, y sobre todo, donar a organizaciones efectivas que están cambiando las reglas del juego.
Organizaciones que luchan para mejorar la vida de los animales de granja, cambiar las leyes, lograr que compañías como Burger King y KFC adopten mejores prácticas, apoyar a ganaderos a convertir sus granjas en negocios de cultivos vegetales sostenibles, o desarrollar carne alternativa que es saludable, barata y deliciosa, sin necesidad de animales.
En la descripción te dejo enlaces a esas organizaciones, y otro donde puedes calcular el impacto negativo de tu consumo de productos animales, así como el impacto positivo de tus donaciones. Porque con muy poco, puedes marcar una gran diferencia para miles de animales.
Tras haber visto de cerca cómo viven los cerdos en una granja industrial, y cómo viven en un santuario, el contraste es realmente abrumador, pero sus miradas siempre reflejan lo mismo: el deseo de ser libres.
Antes de acabar, quería compartir contigo un pequeño experimento que hice en el santuario. Quise probar si a los cerdos les gustaba realmente la cadena antiestrés. Efectivamente, algunos se pasaron un buen rato mordisqueándola con ansia. Pero al cabo de un rato, todos se acababan cansando, y se iban a comer, o a darse una vuelta, o a revolcarse en el barro.
No hay cadena antiestrés que pueda reemplazar la libertad: el verdadero bienestar es vivir sin cadenas.

Muchas gracias a Lía Domínguez, y a la Fundación Santuario Gaia, por dejarnos grabar en ese lugar tan maravilloso. Y también a esa persona anónima que me permitió grabar cómo viven los cerdos en las granjas porcinas de verdad.
Si quieres entender mejor la problemática de la carne, te invito a ver este otro vídeo. Si tienes dudas o correcciones, por favor déjame un comentario. Y si sientes una enorme necesidad, vale, también me puedes recordar que los humanos somos “obnívoros”.
En cualquier caso, si has llegado hasta aquí, muchísimas gracias por tu tiempo. Si me quieres ayudar a difundir este vídeo, puedes darle un “me gusta” y compartirlo. Y por supuesto, también puedes suscribirte a mi canal. Así tendré el placer de poder volver a verte en el próximo episodio de AltruFísica.